INFORMACION UTIL Y ALGUNAS Respuestas, PARA ENTENDER EL problema del alcoholismo, la   drogadependencia Y LOS COMPORTAMIENTOS ADICTIVOs - lecturas detalladas

 ¿QUE HACER CUANDO UN ADICTO NO QUIERE ACUDIR A UN TRATAMIENTO?
( Elaborado a partir de documentos públicos del Lic. Gerardo Barrera Mojica
)

Una característica de los adictos es negar su condición de tal y, asimismo, negar  que ello torne problemática su vida familiar y social. Agregan a la negación de este hecho y la creencia que su comportamiento es normal y que puede controlar el consumo cuando quiera y sin necesidad de ayuda (aflora el defecto de carácter de soberbia, típico de los adictos). Este hecho ya es en sí mismo la manifestación de un problema grave de adicción a consumos y/o sustancias de cualquier tipo.
La negación los hace reacios a aceptar cualquier tipo de tratamiento para iniciar un proceso de rehabilitación. Afortunadamente, familiares y amigos, reconocen los graves problemas de su conducta mucho antes que éste reconozca su propia adicción y que, por ello, quieran ayudarlo y tratan de convencerlo de buscar ayuda terapéutica especializada. No siempre con éxito.
Las negativas, manipulaciones, amenazas y extorsiones de todo orden, generan en el entorno desánimo y la idea que no se tiene remedio y que están condenados para toda la vida. Esto no es del todo cierto. Hay algunas acciones que se pueden realizar y actitudes a exhibir (sugeridas por especialistas en el tratamiento de la drogadicción) para que un adicto acepte y acuerde acceder a algún tratamiento.
El  conocimiento de qué hacer y de qué abstenerse, colaborará para que el entorno mejore sus posibilidades de influir positivamente en aras del abordaje del problema de la adicción. Algunas de las acciones y actitudes recomendadas, se desarrollan a continuación.
Es necesario que el entorno no aparezca como parte “cómplice” y encubridor de los comportamientos propios de las adicciones, inventando excusas para proteger al adicto, resolviéndoles sus problemas o dejándose llevar por negaciones y voluntarismos. Asimismo, dejando que éste se haga cargo consciente de las consecuencias inmediatas de su adicción.
Muy importante es tratar de mantener una “amorosa relación con el adicto” evitando reacciones dictadas por el enojo, la ira y la frustración, como asimismo, dialogar con serena tranquilidad. Ello permitirá identificar el momento propicio para intentar convencerlo de la necesidad del tratamiento. Se podrá aprovechar algún incidente complejo derivado del consumo (agresión o problema policial) para abordar la cuestión con la fuerza de los hechos. Se cuidará que el ámbito sea privado, que el adicto se halle sin consumo y con el mayor equilibrio emocional posible.
El establecer y mantener, límites concretos de convivencia (somos los dueños de casa) y la expresión clara al adicto de la necesidad de restituir la estabilidad emocional del entorno perturbado por las consecuencias de su comportamiento, incluso el derecho a  la autoprotección familiar, conformarán un ambiente propicio para iniciar un proceso de sanación. En esta instancia se deben ser claros y objetivos, fuertes y maduros, planteando con delicadeza los daños ocasionados (los ejemplos de hechos concretos ayudan). Todo esto ha de contribuir a mejorar las posibilidades de éxito en la acción de convencimiento.
Evitar en la interrelación las amenazas, particularmente si no se está en condiciones de mantenerlas a ultranza, y definir con claridad las ocurrencias que derivarán de la negativa a mostrar reacción frente a la adicción (dar ejemplos), beneficiará la solidez del posicionamiento del entorno con relación a la necesidad de tratamiento. En este punto el cuestionamiento de la convivencia con el adicto puede aflorar con fuerza y será necesario estar preparados para afrontar decisiones límite.
El estar preparados para manejar maniobras (de los adictos) de manipulación y dilación o escapismo, frente a momentos cruciales de decisión (pej. el inicio del tratamiento) será de gran utilidad. Asimismo, el reaccionar con rapidez ante las primeras señales positivas de voluntad de aceptar el inicio de un tratamiento. Una muestra muy positiva de ello, además del hecho de reconocerse adicto, es la concurrencia voluntaria a grupos de autoayuda como AA (Alcohólicos Anónimos) y NA (Narcóticos Anónimos) que en nuestra opinión son herramientas poderosas para un camino muy idóneo para la recuperación.
Será de singular importancia estar lo más informado posible respecto de la problemática de las adicciones y de los comportamientos estándar de los adictos, como asimismo, de los recursos disponibles en la comunidad para la prestación de soluciones terapéuticas adecuadas. El disponer de un par de “soluciones” posibles y de sus vías de comunicación efectivas (aun en casos de urgencias) será de gran utilidad. El contacto inmediato con los profesionales elegidos y el dar curso al proceso de internación y/o terapia, constituyen un factor crucial para el éxito de la acción emprendida.
La ayuda de terceros bien intencionados, compasivos y que muestren compromiso positivo y no morboso ni crítico, deberían ser buscados y bienvenidos. Mucho más si se trata de personas con alguna especialización en el tema de las adicciones y existen lazos de sincera amistad. Un recurso muy potente es la participación de un amigo adicto en recuperación (potencialmente un “padrino” en el proceso).  A menudo se necesita la intervención de más de una persona, más de una vez, para persuadir a un alcohólico o drogadicto a que busque ayuda.
La adicción es una enfermedad de la familia que opera como co adicta con su propia problemática. Por lo tanto, será de singular importancia que los integrantes del entorno busquen apoyo para ellos mismos y darse posibilidades de lograr serenidad y gobernabilidad sobre sus vidas. Hay grupos de apoyo a su alcance en la mayoría de las comunidades, como pueden ser los grupos Al-Anon y Nar-Anon, que celebran reuniones periódicas para personas del ámbito cercano a un alcohólico o drogadicto, y Alateen, orientado hacia los hijos de adictos.
Estos grupos ayudan a que se entienda que ellos no tienen culpa de la adicción y que, tampoco, la pueden controlar o curar, y que necesitan tomar medidas para cuidarse a sí mismos, más allá de si el miembro de la familia que es adicto decida buscar ayuda o no. El estar bien consigo mismo será una tremenda ayuda en el proceso de recuperación.
Un pronóstico favorable para la recuperación de un adicto se basa en que el individuo acepte voluntariamente el tratamiento. Especialistas en la materia opinan que un paso consciente del problema al tratamiento, es decir un buen inicio, asegura exitosos resultados en el 50% de los casos. Por otro lado cuando un tratamiento desde el inicio comienza en contra de la voluntad del adicto él pronóstico no es nada favorable.
Lo dicho en nada descalifica la necesidad extrema de propiciar un tratamiento (internación) sin la voluntad del adicto y en un esquema de protección de persona, en el caso que éste sea un peligro para él y/o el entorno.
No se debe de esperar a que el individuo toque fondo o muera o sufra todos los dramas que las adicciones originan. Es altamente recomendable accionar para lograr el acceso al tratamiento. Para ello, lo más conveniente es lograr cambios dentro de la familia y el entorno, de tal forma que se rompa el círculo adictivo y de co dependencia, en el que vive este tipo de individuos.

 
 
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